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Ruta “Colombina”: un nuevo itinerario en BTT.

Una representación reducida, pero no menos esforzada, de practicantes de BTT del Club Nestlé, ha participado el pasado 30 de octubre de 2002, en un nuevo itinerario por las comarcas gerundenses. Se trata de la llamada Ruta Colombina.

Vulpellac, interesante pueblo junto a La Bisbal, fue el lugar de inicio y también el punto de regreso de la mencionada ruta. En el otro extremo del recorrido, la zona de las marismas y casi tocando al mar, las Basses d'en Coll, cerca de las antenas de radio de la "CIA", propagadoras, como todo el mundo sabe, de la libertad americana.

Pudimos observar, a medida que íbamos avanzando en el itinerario, como la mayor parte de los municipios han tenido el acierto de reconvertir antiguos caminos de labranza, semiabandonados, en esplendidas vías perfectamente señalizadas al servicio y disfrute de caminantes y practicantes de BTT.

Los hoyos de St. Julià, primer lugar donde nos paramos a hacer la primera visita. Es una antigua cantera que se alarga de Canapost a Peratallada. Se trata de unas cuantas colinas completamente agujereadas, como si se tratase de un "gruyere", es una característica inapreciable si, en lugar de adentrarnos en ellas, las miramos a cierta distancia. El hoyo más notable debe hacer de 30 a 40 mts. de diámetro por unos 10 a 15 de profundidad. En esta oquedad se ha desarrollado una vegetación más propia de las humedades del bosque de ribera. La cual cosa contrasta visiblemente con las tupidas y habituales pinedas del lugar.

La observación, por otra parte, de otros detalles de interés como son la gran cantidad de marcas dejadas por las herramientas de los picapedreros en la extracción de material, o como la visión, en la parte mas alta, de una especie de pseudo monumento en la cima de una masa rocosa en la que hay quien ve un león esculpido que representaría, según algunos, una primitiva capilla paleocristiana.

Peratallada, Palau-sator y Fontclara, fueron las siguientes etapas de la ruta, vale decir que son pueblos de parada obligada. Como la mayoría de los pueblos del Ampurdá, conservan un marcado aire medieval y, afortunadamente un interés creciente por parte de sus habitantes en mantener este estilo metido en la historia. Visible, entre otros aspectos, en las numerosas restauraciones llevadas a cabo en las calles, plazas y casas de la mayoría de los núcleos antiguos de estos pueblos.

Acercándonos ya al municipio de Pals, pasamos por un caserón, medio masía, medio palacio, (del Sr. De Rocamora) casi en estado ruinoso y con destacados elementos arquitectónicos de aire nobiliario, esparcidos aquí y allá, que llaman Can Bach. Mirando esta belleza del pasado cualquiera agradecería una buena restauración con la posibilidad, eso si, de poderla visitar y admirarla detenidamente.

Sin dejar de pedalear, pude que con algún resoplido inapreciable, comenzamos a vislumbrar, mas allá de los campos, la inconfundible silueta, un poco brumosa, del "colombino" pueblo de Pals. Pero antes de llegar, volvemos hacia la izquierda y nos dirigimos hacia la siguiente parada: el Molino de Pals (o Mas Tafurer, o castillo de San Miguel, o Mas de Salvador Tamarit, ....o también......"el antiguo puerto fluvial y astillero de Pals de donde habría salido, supuestamente, el Sr. C. Colón a descubrir les Indias, como de decía entonces, a hacer su primer viaje".)

¿Fantasía Histórica?, es posible; pero en todo caso y hasta que no se pueda afirmar la última y definitiva palabra el Ayuntamiento de este pueblo, en sus folletos dirigidos a los visitantes ya lo advierte: " Hay algún historiador que mantiene la teoría de que " Colón habría zarpado de Pals cuando descubrió América...". No se podrá decir que no estaban al acecho, por si acaso...

Atravesada la carretera que va hacia Torroella, dejamos una granja de avestruces a la derecha y nos plantamos en el Molino de Pals. Razones de cortesía nos hacen anunciar nuestra presencia así como pedir permiso, a la vez, para hacer algunas fotografías a la balsa del molino.

Una vez situados, y habiendo realizado la correspondiente sesión fotográfica de este rincón del Ampurdá, en medio de los arrozales, el "técnico" en puertos y astilleros medievales, que ejercía como "jefe de expedición", iba charlando como un buen "entendido" y explayándose en la exposición de todo su saber "colombino".

Hoyos, lodo y zarzales, y un breve descanso en una especie de observatorio de aves, nos acompañan antes de llegar a las Basses d'en Coll, nombre con que se conocen actualmente las marismas de Pals. Hasta entrado el S. XVIII, y antes que las tierras y arenas de aluvión provenientes de río Daró lo llenasen, este sitio era conocido con el nombre del estaque de Pals.

A partir de aquí, y en su primera etapa, cogimos el camino de vuelta hasta el pueblo de Pals. Así, después de atravesar arrozales, pinedas y alguna urbanización nos acercamos hacia el Mas de Can Pou de ses Garites, notable y conservado ejemplo de la típica masia fortificada del Ampurdá del S. XVI (época de piratas) y muy cerca de los "Quermanys", montañas conocidas por importantes restos de antiguos poblados neolíticos y protohistóricos. Alguno hasta sitúa, la mítica ciudad de Gypsela, nombrada ya por los antiguos cronista griegos.

El siguiente momento digno de ser mencionado, así pues, lo hemos de situar al sentarnos a la mesa para comer, abiertamente deseado desde el primer momento, en el café-taberna de Cal's Pescadors, en Pals, donde con proceder dirigente nos sirvieron un arroz del país, al estilo de la señora de la casa, que "quien más quien menos" agradeció de verdad.

Antes de regresar, decidimos que no podíamos hacerlo sin visitar, aunque fuese brevemente, el núcleo antiguo del pueblo, llamado "el Pedró", y sus caserones, detalles arquitectónicos y ornamentales, etc., es decir el antiguo recinto fortificado del castillo de "Mont Aspero", que es la denominación mas antigua del castillo de Pals .

Finalmente, y de la mano segura del guía oficial, Joan Canyigueral, la expedición llegó, sana y salva, a Vullpellac. Y, si hemos de creer rumores y habladurías, podemos pensar que se consiguió el objetivo propuesto de conocer un poco más, el paisaje y la historia de este rincón del Bajo Ampurdá.

Lleonard Garcia